En el reino de los cielos todos son distinguidos, todos son personas de clase,: la clase sacerdotal, de la realeza celestial, que comienza en este planeta de pecado (Exo. 19:5,6; Isa. 61:6; 1 Ped. 2:9,10) la cual seguira e n el cielo (Apoc. 5:9,10; 20:6). Somos un reino sacerdotal segun el Orden de Cristo. El reino de Dios es un reino de igualdad, de derechos gratuitos para todas sus criaturas redimidas y para toda la creacion. En este reino no hay discrimen ni acepcion de personas (Deut. 10:17,18) por que el discrimen y el favoritismo es una transgresion a la ley del reino (Sant. 2:9,19). Todos somos uno (Efes. 1:11-20) sea varon o hembra, judio o griego, todos somos uno en Cristo (Gal. 3:25-29). Alli todos tienen su corona (2 Tim. 4:8; Apoc. 3:10o; 4:4); sus vestiduras reales y sacerdotales (Zac. 3:4; Apoc. 4;4: 7:9, 13,14), sus instrumentos de musica (Apoc. 5:8;14:2; 15:2) y toda la gloria que emana del trono de Dios, de la cual, por causa del pecado hemos sido destituidos (Rom. 3:23), y que ha sido ganada por el sacrificio expiatorio de Cristo (Rom. 2:7; Heb. 2:10; Fil. 3:20,21). Lo que ha hecho Cristo por nosotros es incomparable, es glorioso, es eterno. El mensaje de la justificacion por la fe nos lleva de la tierra al cielo, y del cielo a la tierra. Nos lleva de este mundo a la restauracion cuando, ya estando en ese mundo nuevo de amor, paz, armonia, justicia y equidad, llevaremos ante el trono de Dios, los hechos gloriosos que el hombre redimido ha hecho para ponerlo a los pies de la Deidad (Apoc. 20:24-27).
El origen del exclusivismo social, educativo y religioso, la desigualda entre los pueblos, el origen de las castas, de las clases sociales, vino por el pecado y se acrecento desde que Babilonia Antigua se revelo contra Dios (Gen. 11:1-9) y se propaga a traves de la Babilonia Moderna (Apoc. 18) en un mundo que sufre, muere y es destruido por y para satisfacer a un grupo selecto. Aun entre los religiosos existe ese espiritu de desigualdad, de autonomia, de desvalorar a otros seres humanos y a las criaturas del planeta. Dios nos valora desde la eternidad. Por eso dio a su Hijo Jesus (Juan 3:16) para restaurar todo este mundo lleno de desequilibrio fisico, moral y religioso. El mismo valor que tiene un rico lo tiene un pobre. El mismo valor que tiene un educado lo tiene un analfabeto. El mismo valor que tiene un civilizado lo tiene un salvaje en la selva o en el desierto. Ambos han sido comprados del reino de Satanas para llevarlos al reino de Cristo. Todos tenemos el derecho de ser salvos por la sangre de Cristo. Todos tenemos el derecho de ir al cielo y disfrutar por la eternidad de las glorias que esperan a los redimidos. Ese derecho e igualdad entre los pueblos lo adquirimos cuando creemos en Jesucristo (Hec. 16:30,31; Juan 3:16-18) y lo confesamos ante este mundo (Rom. 10:8-17).
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