En este blog exponemos diferentes temas biblicos o generales que sean de beneficio para todos y que haga justicia de acuerdo a la Palabra de Dios. Tambien aclaramos las dudas biblicas sobre temas que de importancia eterna.
miércoles, 15 de junio de 2011
CRISTO: LA REDENCION DE NUESTROS PECADOS
Cuando Dios creo al hombre; lo hizo a su imagen y semejanza (Gen. 1:27,28), y un poco menor que los angeles (Sal.8:5), para senorease en este planeta (Sal.8:6; Gen. 1:28). Pero, al pecar Adan, trajo la maldicion y la muerte a su descendencia (Rom. 5:12). Por esa razon todos, sin exclusivismo, somos pecadores (Rom.3:9,10), transgresores de la ley, porque el pecado es transgresion de la misma (1 Juan 3:4). No hay hombre, que por naturaleza humana, caida, sea justo y santo (Ecles. 7:20; Rom. 3:10) y no hay hombre que no peque (2 Cron. 6:36; Ecles. 7:20). Todos los patriarcas y profetas, apostoles y siervos de Dios no han estado ausentes del pecado ni de los errores hechos en sus vidas. Estudie usted la vida de Abrahan, de Jacob, de Moises, de Pablo, de Juan y de otros. Sin embargo, de Cristo no se puede decir lo mismo. El fue sin pecado (1 Ped.2:22), santo (Luc. 1:35), inocente, apartado de los pecadores, y hecho mas sublime que los cielos (Heb. 7:26). En cambio, la tendencia del hombre es de continuo hacia el mal (Gen. 6:5; 8:21) y en su carne no mora el bien (Rom.7:18). Cuando se habla de carne (sarkix en griego) se refiere a su naturaleza humana con sus debilidades fisicas y morales, con sus impulsos y pasiones (4561 Concordancia Strong). Cristo, para redimirnos del pecado tuve que tener una naturaleza santa, pues de lo contrario hubiese necesitado un salvador. Todos hemos pecado, hemos transgredido la ley de Dios y estamos bajo condenacion o el juicio de Dios (Rom. 3:9,19). Por eso, por las obras de la ley ningun ser humano sera justificado delante de Dios, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Esa es la funcion de la ley (Rom.3:20). Pero en Cristo, el completamente Perfecto, la ley no hallo pecado, porque en El nunca hubo maldad ni engano en su boca (Isaias 53:9). Nosotros no podemos decir lo mismo. Desde que nacemos llevamos la semilla del egoismo por dentro, esa tendencia a ser el centro del universo. En cambio, Jesus se despojo asimismo siendo en forma de Dios (Fil.2:6-8). Para nosotros es imposible despojarnos del Yo, aun habiendo sido justificados por la fe y por los meritos de Cristo, llevamos ese aguijon en la carne, que se llama pecado (1 Cor.15:56). Solamente, la sangre de Cristo puede limpiar nuestro record sucio. Cuando un pecador se arrepiente y confiesa sus pecados, Cristo presenta su sacrificio para que seamos limpios, seamos expiados del pecado, purificados y vestidos con el puro caracter de Cristo, su justicia imputada (Apoc. 1:5; 7:13,14; 1 Juan 1:9,10). Tenemos una justicia y santidad que nos cubre que no es nuestra, ni es producto nuestro, ni de ninguna justicia humana (Vease Zac. 3:1-5). Sin esa justicia y santidad no veremos el reino de los cielos (Heb.12:14). Todos los que tienen paz han sido justificados, porque ese es el fruto de la justificacion (Rom. 5:1,2) que lleva a la santificacion (Rom. 6: 22) y a la vida eterna. La justificacion es la redencion de nuestros pecados (Rom. 3:24) llevada en la cruz por toda la humanidad. Pero tenemos que aceptar esa redencion y depender de la misma para ser justos en el cielo como en la tierra. Y sin embargo, es el merito de Cristo que nos salva, y no las buenas obras, ni la observancia de la ley. Pero el merito de Cristo, que nos ha perdonado, es mas que suficiente para que un pecador pueda ser aceptado delante del trono de Dios (Efes. 1:6,7) y vivir una vida en esta tierra como si fuera un santo. Por eso, en ese sentido, Dios nos manda a ser santos, en esta tierra, en nuestra manera de vivir (1 Ped; 1:15,16). Todo lo hemos recibido gracias a la redencion, la justificacion que Dios hizo por amor al pecador, que ahora, en este instante, puede pararse y decir: "Yo soy justo porque Cristo es mi justicia (Jer.23:6; 2 Cor. 5;21). Yo soy santo porque Cristo es mi santidad ( 1 Cor. 1:30). Voy para el cielo justificado y santificado por la fe de Cristo, por la obra de Cristo, por el poder de Cristo, y por los meritos de Cristo. Mi salvacion esta garantizada si me mantengo creyendo y dependiendo de la obra de otro, no de la obra mia. La obra mia es mi gratitud, mi obediencia de amor que doy a mi Redentor." Es una obediencia que surge de un corazon agradecido por tanta gracia y tanta bondad que se contempla en lo que Dios ha hecho por nosotros en la cruz, y que es presentado ante nuestro humano entendimiento, por el Espiritu Santo. La obra de la justicia de Dios en Cristo, santa, completa y perfecta, no la supera nadie. Ningun ritual puede ganarla, ninguna obra puede anadirle ni quitarle. Es la maravillosa gracia de Dios en Cristo nuestro Redentor y en el poder del Espiritu Santo, nuestro Ayudador.
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